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Muy pocas personas saben que es muy fácil saber qué han estado viendo por internet. En el entorno empresarial basta examinar el "log" (registro de eventos) de un empleado, ligado a su nombre de usuario, para obtener esa información. Esto tiene, para plantear muy básicamente la discusión, dos aspectos al menos: el derecho a la intimidad y el uso de recursos computacionales para fines distintos de los empresariales. En esta última línea es donde aparece un problema creciente de nuestra sociedad: el acceso a pornografía en el lugar de trabajo. Desde luego este punto debe examinarse bajo el balance de otros derechos relacionados, sin embargo, aquí no nos ocuparemos de este "balance".

El acceso a material pornográfico ha sido considerado en Colombia, y en otras partes del mundo, un derecho de cada quien, si bien no lo es el de difundir material pornográfico. Así consta por ejemplo desde jurisprudencia muy antigua de la Corte Constitucional:

"La prohibición no implica que el recluso no pueda poseer material pornográfico, porque cada persona es libre de escoger sus lecturas y pasatiempos, mientras no afecte los derechos de los demás. Cuestión distinta es que por razones de moralidad, un servidor público no puede ser divulgador de pornografía, y ese es el sentido de la norma acusada; concretamente los miembros del cuerpo de vigilancia no pueden ser difusores de pornografía, cuando la misión de los establecimientos carcelarios es de readaptación, y no de degradación moral." (Sentencia No.C-394/95, Corte Const.)

Aquí tampoco vamos a hacer una reflexión sobre la pornografía frente al derecho ni frente a otros campos (muchos de nosotros la consideramos basura, y aprobamos que sea considerada un delito en el aberrante caso de la pornografía infantil, pero eso es otro asunto), sino sobre un hecho sorprendente: en Estados Unidos el acceso a pornografía por internet en el trabajo parece ser un problema social. Es dudoso que lo mismo no ocurra en otras culturas, sin embargo, no había visto un editorial de un periódico de algún nivel llamando la atención sobre la magnitud del fenómeno. Me refiero en concreto al editorial del Washington Times titulado "Porn corrupts America", del pasado 24 de febrero de este año. Allí se dice, entre otras cosas, que el problema crece como un cáncer, y señala por ejemplo que incluso hay empleados despedidos por mal uso de internet (acceso a "material inapropiado") y eso que sabían que estaban siendo monitoreados. El artículo cierra con una pregunta importante. Con el lugar de trabajo convirtiéndose en algo que hace al editorialista pensar en Sodoma y Gomorra, está por verse qué hay más allá del software de detección de pornografía y mayor vigilancia, mejor dicho, ¿qué hacer al respecto? El tema es interesante desde el punto de vista regulatorio, esto es, teniendo en cuenta tanto el contexto completo como reflexionando acerca de la reglamentación que debe aplicarse, si es que hay alguna. Y este es un tema relevante para la sociedad de la información, la cual -salvo mejor opinión- no está pensada para profundizar los aspectos como la pornografía en internet, sino las soluciones frente a problemas como el subdesarrollo.