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En estos momentos se debate en Europa un problema que debería poner a reflexionar seriamente sobre los derechos de los católicos en países católicos: el uso de crucifijos en escuelas públicas. El asunto comenzó en Italia, pero como actualmente el debate está en el Tribunal Europea de Derechos Humanos, lo que se decida tendrá impacto en todos los países de la Unión Europea. Todo tiene que ver con la legalidad de la presencia de crucifijos en aulas de clase, pero tiene además otro componente, del cual deben estar pendiente todos los interesados en procesos de integración regional.

Hoy en día el fallo está en apelación, por eso es un caso pendiente. El mismo debate se está dando en varios países europeos como España o Francia. El componente adicional es que Italia ha rechazado jurisdicción del Tribunal Europeo en la materia, visto que contradice las previsiones constitucionales internas, posición respaldada por la jurisprudencia de la Corte Constitucional de ese país.

El proceso se denomina Lautsi v. Italy, y fue iniciado no por una "atea", sino por una cristiana. Hay audiencia prevista para el 30 de junio de 2010, ya que es un caso en curso, es decir, un "caso pendiente" (un "Pending Case") Antes de seguir adelante, quizás llame la atención que una cristiana demande el retiro de crucifijos de aulas de clase en las escuelas; ello se explica porque la demandante identifica el crucifijo con la Iglesia Católica. Debe recordarse que no todas las confesiones cristianas comparten su aprecio por el crucifijo, posiblemente basados en su propia interpretación de Gálatas 3, 13, si bien otras iglesias, entre ellas la Católica -que por tanto no es única en esto-, sí lo aprecian, basadas, entre otros textos, en Gal 6, 14 (clic aquí para una ilustración, si a alguien le interesa el debate religioso). El hecho es que el 3 de noviembre de 2009, el Tribunal Europeo de Derechos Humanos dio la razón a la señora Lautsi, quien tiene hijos en escuelas públicas, y declaró en sentencia infracción por parte del Estado de Italia del artículo 2 del Protocolo 1 del Convenio para la Protección de los Derechos Humanos y de las Libertades Fundamentales, considerado en conjunto con el artículo 9 del Convenio para la Protección de los Derechos Humanos y de las Libertades Fundamentales, y además ordenó pagar 5000 euros por daños. Las normas invocadas son:

"Art. 2, Protocolo 1, Convenio. Derecho a la instrucción. A nadie se le puede negar el derecho a la instrucción. El Estado, en el ejercicio de las funciones que asuma en el campo de la educación y de la enseñanza, respetará el derecho de los padres a asegurar esta educación y esta enseñanza conforme a sus convicciones religiosas y filosóficas."

"Artículo 9, Convenio. – Libertad de pensamiento, de conciencia y de religión Toda persona tiene derecho a la libertad de pensamiento, de conciencia y de
religión, a practicar libremente su religión en privado y en publico, y a cambiar de religión si lo desea."

La demandante alegó el secularismo del Estado, como fundamento para la solicitud del retiro de los crucifijos de la escuela donde estudiaban sus hijos, planteada inicialmente ante los directivos de la escuela, petición que fue rechazada. Como consecuencia, acudió ante instancias judiciales nacionales, sin éxito. Llegado el caso al Tribunal Europeo de Derechos Humanos, se produjo la sentencia del 3 de noviembre de 2009 mencionada más atrás. El detalle de todos los antecedentes reposa en la sentencia. Uno de los temas que recuerda el fallo, es el hecho de que a partir de 1985 (ley 121 de 25 de marzo), por reforma del Tratado de Letrán que dio origen al actual estado de El Vaticano, el Estado de Italia dejó de ser confesional; otro, es que el asunto de colocar o no crucifijos en las escuelas por decisiones administrativas, fue declarado como de orden no constitucional por parte de la Corte Constitucional de Italia (ver sentencia 389 de 5 de Diciembre de 2004, a la cual se refiere la sentencia del Tribunal Europeo de Derechos Humanos). El Tribunal Europeo de Derechos Humanos sostuvo el reconocimiento de "derechos negativos" para los íconos religiosos, es decir, el derecho a no ser sometidos a influencias religiosas no deseadas.

Esta clase de discusiones no se zanjan simplemente con la manida frase "al César lo que es del César y a Dios lo que es Dios" (que por cierto no corresponde a ningún contenido bíblico). Por el contrario, supone el problema del reconocimiento de escenarios culturales diversos, y a la imposibilidad de reconocer todas las identidades presentes. ¿Cómo resolver tal dificultad? Tal como se reconoce en epistemología, no existen planteamientos neutros, de modo que la decisión de no incluir ciertos íconos o ninguno religiosos es también una posición ideológica, realidad que no es tan fácil de asumir. Por ejemplo, en las religiones musulmana y judía, toda representación de animales lo seres puede ser contraria a su Fe, si es así, ¿podría tener un salón de clase un árbol evolutivo del hombre, por ejemplo? Esto no es un ejercicio teórico, ahora mismo en Holanda hay problemas para conciliar las diferentes identidades culturales y religiosas que conviven en ese país; en el oriente musulmán el problema se elimina en la medida en que sencillamente se impone la visión musulmana, pero en los países occidentales por el contrario se les trata de proteger, aunque en Francia por ejemplo se esté planteando la supresión de la burka.