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Plagiar es, entre otras cosas, "Copiar en lo sustancial obras ajenas, dándolas como propias" (definición según Real Academia Española). Y eso es un delito. Un caso reciente se dio en la sentencia de Casación No 31.403 de la Corte Suprema de Justicia, Sala Penal. Una profesora de una reconocida universidad reprodujo en una revista, en los términos probados en ese fallo, el trabajo de una estudiante presentándolo como propio. Ello le significo una condena penal.

El orgen del caso se resume así:

"Rosa María Londoño Escobar, quien realizó estudios de literatura en la Pontificia Universidad Javeriana para obtener el título de diplomada en literatura, elaboró bajo la dirección del profesor Jaime García Mafla, la monografía titulada „El Mundo Poético de Giovanni Quessep’ en abril de 1996, la que sustentó satisfactoriamente el 3 de junio del mismo año. Posteriormente, en enero de 1997, llegó a sus manos la revista “La Casa Grande” número 2 –noviembre 1996 enero 1997-, editada en México y Colombia, donde encontró publicado el artículo “Giovanni Quessep: el encanto de la poesía”, firmado por LUZ MARY GIRALDO, profesora del Departamento de Ciencias Sociales y Educación de la misma Universidad, texto en el cual encontró reproducidos apartes y párrafos de su tesis de grado, sin comillas ni precedidos de signo alguno que indicara a los lectores que las ideas se tomaban textualmente de autor diverso a quien firmaba el artículo." (citado de la sentencia)

Producida la condena en el trámite ordinario, la procesada acudió a casación excepcional por presunta formulación anfibológica de los cargos de acusación, de lo cual se habría derivado imposibilidad de adecuada defensa. Esta casación resulta interesante desde el punto de vista procesal, pero no es la materia relevante para esta nota, como sí lo es el tema del plagio, de que trata el artículo 51, numeral 3º de la Ley 44, hoy artículo 270 de la Ley 599 de 2000, cuyo tenor es el siguiente:

"“Violación a los derechos morales de autor. Incurrirá en prisión de dos (2) a cinco (5) años y multa de veinte (20) a doscientos (200) salarios mínimos legales mensuales vigentes quien:

1. Publique, total o parcialmente, sin autorización previa y expresa del titular del derecho, una obra inédita de carácter literario, artístico, científico, cinematográfico, audio-visual o fonograma, programa de ordenador o soporte lógico.

2. Inscriba en el registro de autor con nombre de persona distinta del verdadero titular, o con título cambiado o suprimido, o con el texto alterado, deformado, modificado o mutilado, o mencionando falsamente el nombre del editor o productor de una obra de carácter literario, artístico, científico, audio-visual o fonograma, programa de ordenador o soporte lógico.

3. Por cualquier medio o procedimiento compendie, mutile o transforme, sin autorización previa o expresa de su titular, una obra de carácter literario, artístico, científico, audio-visual o fonograma, programa de ordenador o soporte lógico.

“Parágrafo. Si en el soporte material, carátula o presentación de una obra de carácter, literario, artístico, científico, audio-visual o fonograma, programa de ordenador o soporte lógico, u obra cinematográfica se emplea el nombre, razón social, logotipo o distintivo del titular legítimo del derecho, en los casos de cambio, supresión, alteración, modificación o mutilación del título o del texto de la obra, las penas anteriores se aumentarán hasta en la mitad”."

El punto relevante es: ¿cuál fue exactamente el verbo rector en que incurrió la procesada? Porque si se le endilgó mal la conducta, definitivamente la sentencia torna en nula, ya que nadie puede defenderse si no sabe exactamente de qué se le acusa, ni tampoco puede asumirse defensa asumiendo que se le acusa de una conducta y al final el acusador lo condena por otra. Este problema lleva a la Corte Suprema a desarrollar un extenso e importantísimo estudio sobre la protección de los derechos de autor, contra cualquiera de las conductas de que trata el art. 270 del Código Penal recién citado, llevándole a reflexiones que deben ser estudiadas en extenso por cualquiera interesado en el tema de la copia y el plagio (dos cosas distintas), tan comunes en nuestro medio. Ello lleva al tribunal de casación a conclusiones como esta:

"La Corte considera que dentro de tales prerrogativas, la violación del derecho de paternidad o reivindicación, es el que genera mayor agravio a los derechos morales de autor, entre otras razones, porque es precisamente la posibilidad de reconocimiento a partir de la labor de la inteligencia transplantada a la obra, lo que impulsa a la ardua tarea y permite que muchas de las grandes creaciones del intelecto hoy conocidas hayan superado la simple idea." (citado de la sentencia)

Precisamente el plagio es un atentado contra la paternidad de la obra, asunto que tiene que ver con el mismísimo bloque de constitucionalidad.

"Bajo esa perspectiva no solo constitucional sino de ineludible aplicación, la Sala debe armonizar el contenido del artículo 270 del Código Penal con la preceptiva internacional que hace parte del Bloque de Constitucionalidad para que, a través de la integral aplicación del principio pro homine, sus efectos cubran adecuadamente el derecho fundamental menesteroso de protección y tutela." (citado de la sentencia)

Es decir, el plagio es un atentado contra los derechos humanos.

"En consecuencia, la Corte, como deben hacerlo todos los jueces, atendiendo la necesidad de conciliar la norma con los estándares internacionales de protección de derechos humanos, advierte que el artículo 270 del Código Penal, ha de ser interpretado de tal forma que su numeral primero no sólo cubra la tutela de lo inédito respecto de la publicación, sino que en sentido amplio proteja el derecho moral del autor y, consecuentemente, incluya dentro de las conductas pasibles de sanción penal: 1) aquellas que a través de otras formas de divulgación conlleven la pública difusión de la obra inédita, sin autorización previa y expresa de su titular; y, 2) aquellas que conlleven a la violación del derecho de paternidad o reivindicación, conforme a las siguientes eventualidades:

1) Cuando sin autorización previa y expresa del titular del derecho, se divulga total o parcialmente, a nombre de persona distinta a su titular, una obra inédita de carácter literario, artístico, científico, cinematográfico, audiovisual o fonograma, programa de ordenador o soporte lógico.

2) Cuando sin autorización previa y expresa del titular del derecho, se publica total o parcialmente, a nombre de otro, una obra ya divulgada, de carácter literario, artístico, científico, cinematográfico, audiovisual o fonograma, programa de ordenador o soporte lógico.

De esta forma, debe agregarse, se respeta también el rótulo de la norma típica, que, como se recuerda, ampliamente define que se trata del delito de “violación a los derechos morales de autor”, en evidente pretensión de enmarcar los matices más relevantes de vulneración de ese que se estima derecho fundamental.

Por lo tanto, acorde con la que ha definido la Corte como manera constitucional de examinar la norma, se protege integralmente ese derecho fundamental en sus más importantes aristas, vale decir, derecho de paternidad o reivindicación, derecho de inédito y derecho de integridad de la obra." (citado de la sentencia)

Luego de otras reflexiones, la Corte Suprema de Justicia reconoce dos modalidades de plagio:

"Uno, cuando el actor se atribuye la obra de otro, tal y como ha sido creada por el autor; y dos, cuando el actor se atribuye la obra de otro, no reproduciéndola idénticamente, sino imitándola en sus extremos esenciales." (citado de la sentencia)

Desde luego, ello sin olvidar que ideas preexistentes no se protegen.

"Por lo tanto, la usurpación de la paternidad a través de la conducta plagiaria puede producirse de dos maneras: Cuando el plagiario pura y simplemente suprime el nombre del autor verdadero sin tocar en lo absoluto el contenido de la obra; o cuando extrae partes importantes de ella para incorporarlas a la obra plagiaria. El primero de los casos se denomina imitación servil y el segundo, imitación elaborada. En ambos casos se encontrará tipificada la infracción aunque, en el último el descubrimiento del delito puede resultar una tarea ardua.

Lo anterior, porque debe diferenciarse el plagio de la utilización libre de las ideas preexistentes, pues como ya se analizó ampliamente, éstas no son objeto de protección. Lo que se protege es la apropiación de la expresión formal de las mismas, cuando la nueva forma creada es producto de la elaboración de un autor que “de ese modo la haya investido con el ropaje que entendió más apropiado para su pública difusión…”" (citado de la sentencia)

La sentencia discurre por este cause del estudio de la figura del plagio, y reconoce que la norma penal en comento debería ser objeto de mayores claridades con el fin de garantizar la protección perseguida (p. 83).

Aterrizando al caso concreto, se recuerda que la condena de primera instancia tuvo como una de sus conclusiones la siguiente, una vez se verificó la existencia de evidentes similitudes e identidades entre la publicación motivo del proceso y el trabajo de la denunciane:

"4. En este evento, la procesada en ningún momento compendió, mutiló o transformó la monografía de Rosa María Londoño, sino que se limitó a “publicar parcialmente la obra de esta última, en el artículo “Giovanny Quessep: El encanto de la poesía” sin autorización previa y expresa de Londoño”, conducta que en el lenguaje de los académicos se denomina “plagio” y en la ley se encuentra tipificada como una de las formas contempladas bajo la denominación jurídica de “violación a los derechos morales de autor”.

5. Por lo tanto, como la conducta de la procesada se concretó en la “publicación parcial” de obra ajena, sin autorización previa y expresa de la titular, la conducta encaja en el numeral 1º del artículo 1º de la Ley 44 de 1993, reemplazado por el numeral 1º del artículo 270 de la Ley 599 de 2000.

6. Descarta que la conducta de la procesada se haya limitado a tomar “ideas” de la monografía de Rosa María Londoño, como lo alegó la defensa, pues lo que se le reprocha es que haya publicado parcialmente apartes o párrafos de su trabajo, sin autorización previa y expresa y sin reconocer la autoría de aquella, lo cual constituye “plagio”.

7. Tampoco tienen eco las alegaciones de la defensa en el sentido de que el “plagio” no está tipificado como delito en Colombia, pues de acuerdo con la doctrina, cuando se habla de “violación a los derechos morales de autor” se está aludiendo al “plagio”, ya que es esta una de las formas de violar ese derecho." (citado de la sentencia)

Ahora bien. Resulta cierto que la acusación (adecuación típica) varió del numeral 3 al 1, pero en segunda instancia no se consideró ello lesivo del derecho de defensa, con base en el hecho de que el debate se dio exactamente sobre los puntos relevantes, de manera que no faltó pronunciamiento sobre ningún extremo por parte de la defensa. Advierte sobre ello la Corte Suprema de Justicia:

"Razón asiste al Tribunal en todas sus argumentaciones. De un lado, porque ciertamente la jurisprudencia de la Corte tiene decantado que la congruencia no implica perfecta armonía o identidad entre el acto de acusación y el fallo, sino señalamiento de un eje conceptual fáctico-jurídico para garantizar el derecho de defensa y la unidad lógica y jurídica del proceso, de manera que no se desconoce la consonancia, si el juez, al decidir sobre los cargos imputados, condena en forma equivalente en cuanto a la punibilidad o de manera atenuada, por la razón de que si puede absolver, también puede atemperar, siempre y cuando se respete el núcleo básico de la conducta imputada" (citado de la sentencia)

En otras palabras, si el procesado se defendió de lo que debía defenderse y sobre tal fondo se dio el debate, ello no afecta el proceso. Veamos:

"En el caso sometido a estudio, es evidente, de acuerdo con lo reseñado, que el supuesto fáctico que estructura la descripción típica del delito de violación a los derechos de autor y que fue objeto de amplio análisis en la resolución de acusación, se sostiene, en perfecta consonancia, en la sentencia, sólo que se desestimó su ubicación en el numeral 3º del artículo 51 de la Ley 44 de 1993 (numeral 3º del artículo 270 de la Ley 599 de 2000), para ubicarlo en el numeral 1º del mismo precepto, por razones interpretativas entendibles que en nada variaron el núcleo básico de la acusación.

En efecto, es evidente la dificultad que afrontaron los funcionarios judiciales al momento de definir la concreta ubicación típica del hecho, precisamente por razón de esa forma genérica y descontextualizada como el artículo 270 de la Ley 599 de 2000 (anterior artículo 51 de la Ley 44 de 1993) ha afrontado la protección del bien jurídico de los derechos morales de autor." (citado de la sentencia)

Es muy importante en este fallo, el hecho de reconocer la dificultad de la materia, es decir, la facilidad con que puede conducir a algunas confusiones la norma, las cuales alcanzan a apreciarse incluso en la defensa, que llega a formular afirmaciones que no son relevantes para el propósito de casar la sentencia a su favor, si bien hay un punto que sí merece tratamiento particular: la coincidencia de estilos que pudo conducir, al menos sobre el papel, a la apariencia de plagio, pero tal discusión no enerva el hecho del plagio.

"En ese sentido, tiene parcialmente la razón la demandante cuando como conclusión de esa comparación aduce que “las ideas y la forma gramatical de Rosa María Londoño en su trabajo de grado, corresponden, no sólo a ideas de Luz Mary Giraldo, sino a un estilo muy particular de realizar el análisis del mundo poético de Giovanni Quessep.”

Ciertamente, confrontados los textos iniciales de la procesada -escritos con antelación a la tesis de grado objeto del plagio-, con el desarrollo expuesto por la víctima en la misma, es posible hallar similitudes en ideas o conceptos.

Sin embargo, ya quedó claro con el amplio examen realizado por la Corte en líneas precedentes, ello no constituye plagio, ni mucho menos torna ilícita, dentro del espectro de los derechos morales de autor, la conducta de la para ese momento estudiante, pues, como por lo general sucede, tomó como insumos esos que arriba se relacionan, para crear un trabajo original, vertido a través de su particular forma literaria o escritural, en amplio desarrollo intelectual.

Desde luego, el que esas ideas o conceptos primarios de la profesora, sirvan como insumos para la tesis de grado, no autoriza, a pesar de lo que intenta entronizar la defensora, para que, a su vez, la acusada diga suyo lo construido por la afectada, o siquiera copie su tesis y la difunda sin el respectivo reconocimiento.

Es que, se repite, la protección penal opera no sobre la idea o ideas, sino respecto la creación del intelecto plasmada objetivamente en un texto, una pintura o una escultura, sólo para citar ejemplos representativos. Y la apropiación indebida o plagio resulta no de que antes se tuviera ese tipo de pensamientos o ideas, y ni siquiera de que se esboce la posibilidad de adelantar un determinado proyecto, fundado en ciertos conceptos, sino del hecho cierto y materializado de que a ese proyecto se le dio vida, individualizada por una particular manera de exponer, construir y contextualizar esas ideas o conceptos.

Los estilos, huelga anotar, tampoco son objeto de protección en sí mismos, pues, si así fuera, la historia del arte o la creación literaria no se hubiese enriquecido con épocas, etapas o escuelas que se basan en similares presupuestos estilísticos o conceptuales pero, desde luego, conforman para cada autor una particular concepción, mirada o transfiguración de lo que en boga se halla.

La sanción penal se basa, debe reiterarse una vez más, en que se repita, copie o translitere la “forma” como cada autor o exponente de determinada corriente, si de ello se trata, asume su visión del tema, pues, en éste caso esa “forma” transforma el concepto o idea y lo apropia a la capacidad creadora individual del autor." (citado de la sentencia)

Inmediatamente declara la Corte Suprema, que una cosa es tratar de imitar un estilo, a plagiar una obra, como ocurrió en este proceso, en el cual ni siquiera se requería el concepto de expertos para demostrar tal situación, dado lo evidente de la infracción.

"Porque, es necesario anotar, lo que en el asunto analizado se busca, no es precisar el valor literario de lo escrito por el poeta, ni los imaginarios que dentro de su peculiar estilo plasma en su obra, sino apenas determinar si la crítica que de ello se hizo, ha sido copiada por la acusada, sin el correspondiente reconocimiento, de lo previamente expuesto por la afectada." (citado de la sentencia)

Por ello, el fondo del debate siempre fue el mismo: la presencia de textos ajenos presentados como propios. Por ello no se casa la sentencia y la condena se mantiene.