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Todo el mundo otorga total credibilidad a los recuerdos manifestados con convicción, y tal criterio juega igualmente en asuntos criminales aunque hayan pasado años desde la ocurrencia de los presuntos hechos.  El problema es que puede tratarse de recuerdos falsos, que no corresponden a ninguna realidad, y esto sin necesidad de que siempre se trate de mentiras intencionales con el fin de dañar la vida o reputación de alguien, como ha ocurrido en acusaciones de pederastia a sacerdotes. El título de un artículo científico de Medline lo dice todo: “Las memorias pueden ser imprecisas y manipulables”. Es grave, porque falsos recuerdos han conducido mucha gente a la cárcel.

El problema tiene varias caras, una de ellas es de las personas fácilmente sugestionables. Un caso bien documentado científicamente es el de una enfermera quien, durante sesiones de esas llamadas “regresiones”, empezó a recordar vívidamente cómo había sido abusada en la infancia por su padre, e incluso comenzó a recordar detalles de ritos satánicos en los cuales presuntamente fue obligada a participar; tales recuerdos por supuesto afectaron profundamente su vida, sin embargo, luego de algunos años se vio que eran totalmente falsos, y que habían sido inducidos por el terapista, aprovechando la vulnerabilidad emocional de la mujer. La enfermera se llama Nadean Cool, y el caso puede leerse, entre otras fuentes, en el artículo “Creating False Memories” de la dra. Elizabeth F. Loftus.

No siempre se necesita un terapista malintencionado para crear un falso recuerdo. La presión sobre personas vulnerables también influye. Hay un caso criminal que contiene los dos ingredientes: falsos recuerdos en las presuntas víctimas, y falsos recuerdos en el acusado. Ocurrió con un hombre cuyas hijas estaban en un campamento, y alguien –motivado por una supuesta inspiración del Espíritu Santo o algo así- afirmó sentir que esas niñas estaban siendo abusadas por su padre, quien, bajo la presión social y de los investigadores, terminó confesando un abuso que no cometió, y hasta inventó detalles de cómo lo hacía; como las niñas terminaron informando igualmente recuerdos de los hechos, el círculo se cerró. La historia de este hombre, Paul Ingram, puede leerse en estos enlaces en inglés o en español.

En esto de los falsos recuerdos, hay que resaltar uno de los casos más célebres, que por cierto fue tal vez el proceso más costoso en la historia de las cortes estadounidenses: el caso  McMartin.  El caso fue presentado por la prensa de todo el mundo, yo mismo recuerdo haberlo leído en un periódico de la época. Se trataba de un preescolar de ese nombre, en el cual supuestamente hubo abuso sexual generalizado de los niños por parte de quienes lo administraban. Pero resultó que, luego de varios años de juicio, no se encontró  evidencia real, por lo cual se declararon inocentes a los acusados, y hasta se sugirió que era un caso de histeria similar al de las brujas de Salem. Existe una película de este caso, el cual sirve igualmente para demostrar las dificultades en procesos por abuso sexual infantil.

En el tema de pedofilia los falsos recuerdos deben considerarse con más cuidado.

En las cortes de Estados Unidos ya existe alguna conciencia respecto de la falibilidad de la memoria en las personas, que no se limita a casos extremos de abuso sino que prácticamente es un tema que no debe olvidarse nunca; sobre esto sugiero leer los artículos “Eyewitness Testimony Loses Legal Ground in State Supreme Court” y “Why Science Tells Us Not to Rely on Eyewitness Accounts” en Scientific American). En otras palabras, cualquier testigo puede estar faltando a la verdad fundado en un falso recuerdo (ver “Falsas memorias” en la página “Psicología del Testimonio”). Por esto se han creado metodologías de interrogación como la “entrevista cognitiva”.

Existe un programa del canal Science de Discovery titulado en español “Memoria Falsa”, en el cual se exponen varios de los casos comentados.

Sugiero leer como complemento el artículo “Los abusos sexuales falsos y el síndrome de alineación parental”, y examine el caso presentado por el programa “Séptimo día” titulado “’Abusador inocente’, un drama que nadie desearía vivir”.