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Uno de los pilares del proabortismo es la invisibilización jurídica y social  del ser en el vientre. Por ello el lenguaje cambia “aborto” por “interrupción voluntaria del embarazo”, con connotación unilateral, y se celebra como triunfo toda decisión de aborto como triunfo de los derechos “esenciales”de las mujeres, con total prescindencia de cualquier consideración respecto del feto. Pero, ¿y si el ser en vientre abortado sobrevive? No es un ejercicio teórico. Ocurre, y hay casos documentados. Veamos uno.

Ocurrió en Italia. Una mujer acudió a una clínica para abortar un bebé con malformación. Expulsado el feto, fue dejado a su suerte para que muriera, pero sobrevivió al menos un día entero. Los hechos, que no tuvieron eco alguno en la gran prensa como es usual, pueden leerse en la nota “Baby boy survives for nearly two days after abortion” del Telegraph. Para una nota en español, ver “No asistencia a un feto abortado: Italia conmocionada” en Zenit.

En algunos países existe legislación específica sobre atención médica a bebés que sobreviven el aborto, como ocurre en Minesota, Estados Unidos (ver información del Departamento de Salud de ese estado), pero en la discusión sobre el aborto el asunto es invisible. Si la discusión es sobre viabilidad del feto, el argumento favorito de los proabortistas para justificar el aborto, en estos casos no hay discusión: el feto es viable,  y no es un caso aislado. No es muy extraordinario que fetos sobrevivan al aborto en sus versiones espontáneo, terapéutico o provocado. Pero, ¿alguna vez han visto que se reflexione sobre el ser en el vientre en el aborto provocado?

La discusión sobre el aborto no se ha planteado desde una discusión sobre la vida, sino como una guerra de invisibilización del feto. En ella tampoco se puede invisibilizar a la mujer, sino abordarse teniendo en cuenta las dos vidas en juego.