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En Estados Unidos usted, a los 18 años, puede tener una hipoteca de U.S. $100.000,oo, pero no una tarjeta de crédito cuyo límite supere los cien dólares. Ello hace que un artículo de la revista Regulation del Instituto Cato, referido a tal problema, se titule “Regulation Goes Medieval”.

La medida regulatoria está contenida en la Credit CARD Act de 2009. El artículo no se ocupa de los posibles beneficios de esa ley, firmada por Barack Obama, sino del contrasentido que se presenta cuando una legislación acostumbrada a la mayoría de edad legal de 18 años, de repente se enfrenta con el retroceso de una prohibición respecto al goce de tarjetas de crédito hasta los 21 años, el límite antiguo para la mayoría de edad en muchos países. Eso significa –entre otras cosas- que un joven de 18 años en Estados Unidos puede ser condenado a muerte, como un adulto, pero que esa misma persona no puede tener el instrumento financiero indicado. Clic aquí para leer la ley.

El análisis no para allí, sino que se dedica a examinar el contexto en que se aplica a esa medida, que entre otras cosas demanda que la solicitud de alguien menor de 21 años de una tarjeta de crédito deben estar acompañada de la firma alguien que puede ser uno de los padres o, en todo caso, alguien con al menos esa edad para responsabilizarse de las deudas.

¿Se justifica a estas alturas una medida de ese tipo? Sugiero la lectura del artículo para que cada quien formule su propia respuesta.