Sesgos cognitivos y falacias

Las personas raramente piensan bien las cosas, se han rendido, a veces sin darse cuenta, a los sesgos cognitivos. Han decidido creer esto o aquello, y punto, y con tan endeble sustento a veces hasta matan. Hablemos de sesgos cognitivos.

Los sesgos cognitivos son esas inclinaciones a razonar de cierta manera, llevándonos a conclusiones que típicamente no tienen fundamento distinto a nuestra arbitrariedad. Es asumir, sin mayor criterio, algo como válido, con frecuencia por simple emocionalidad. Son usual consecuencia del relativismo, que predica que nada es verdad y que podemos pensar como queramos porque la verdad supuestamente no existe, o de la simpleza más descarada. Este es un ejemplo de sesgo cognitivo que propone Kasparov, en concreto el de rendirse fácilmente a presunciones. Se presume sin más que algo es cierto, cuando lo correcto es primero verificar antes de actuar, tanto en política como en la vida diaria:

Un problema muy serio en materia de presunciones es asumir que los funcionarios pueden hacer lo que les da la gana. Ese sesgo permite que altos funcionarios se extralimiten una y otra vez, porque los ciudadanos creen, como esos malos funcionarios, que basta un cargo para no tener límites a la hora de actuar siendo que siempre deben estar sujetos a la ley, si bien esto se predica también de toda personas, es decir, todos debemos obedecer la ley.

Los sesgos suelen tener denominación. Van unas ilustraciones. Comencemos con el efecto Dunning Kruger. Se presenta en aquellos que sobreestiman sus propias capacidades y eso les lleva a desestimar ciegamente las críticas a su incompetencia. El sesgo consiste en creer tener unas capacidades de la que se carecen.

Aunque este efecto sea evidente, hay seguidores que igual son fieles a líderes con ese sesgo, así estos atenten contra la ley. A ellos los llamó Aristóteles, sin rodeos, animales. Vean mi video sobre este tema, esos seguidores están sesgados a favor de ese líder y no les importan los delitos que cometa.

Sobre este sesgo.

Otro sesgo.

Tal vez usted haya asistido a charlas motivacionales. No es raro que usted salga de ellas con el sesgo de optimismo ilusorio, o sea con un optimismo exagerado y más allá de toda razonabilidad. Sobre este sesgo, puede examinar el libro «La falsa ilusión del éxito: cómo el optimismo socava las decisiones ejecutivas» de Daniel Kahneman.

Sea positivo, siempre que no sea un descarado iluso.

Un sesgo muy extendido es el sesgo de confirmación. Consiste en usar solo aquella información que confirma lo que ya hemos decidido creer o concluir en un argumento.

La Corte Constitucional, en su última sentencia proaborto, incurrió en el sesgo de confirmación, tal como señalo en mi solicitud de nulidad de esa sentencia.

Eso de atenerse a las convicciones propias más que al criterior, es más peligroso para la verdad que las mentiras. Ya lo advirtió Nietzsche.

“Las convicciones son enemigas de la verdad más peligrosas que las mentiras.”	
(Friedrich Nietzsche. Humano, demasiado humano, Primer Volumen, Akal, 2007, Madrid, página 235)

O piensen en la tendencia a esperar que otros decidan para sentirse menos responsables, en reuniones sobre temas delicados.

Hay sesgos de grupo, como el de ver mejor a los de nuestro grupo. Es el sesgo de grupo de pertenencia.

Noten cómo solemos tratar las pérdidas: evitando actuar conforme la realidad de las mismas. Es el sesgo de aversión a laspérdidas.

Los sesgos pueden conducir por acumulación a grandes tragedias. Eso lo que se llama incrementalismo: un error tras otro llevan a desastres.

Los sesgos suelen ser aprovechados por los publicistas. En el caso del sesgo de anclaje, o que podríamos denominar de la primera impresión, la cual, errada o no, condiciona la información que se recibe con posterioridad.

Otro sesgo interesante es el sesgo de autoridad, que es aquel que nos hace creer sin mayor discusión lo que señala alguien que tomamos como autoridad.

Un sesgo cercano al sesgo de aversión a la pérdida es el de supervivencia: ver solo los elementos positivos distorsionando la realidad.

Un sesgo muy usado por las tiendas, es el sesgo del señuelo, que consiste en inducir a la compra del un producto más caro mediante la introducción primero de un producto ligeramente menos costoso que nos lleva a suponer que la compra más cara es la mejor.

De los sesgos como elementos que destruyen la sociedad me ocupo en mi libro La tragedia de la sociedad sin criterio.

Los sesgos se ven en actividad en decisiones políticas, acciones de grupos radicales y en muchos otros escenarios humanos, sin embargo, mencionemos aquí solamente uno de sus síntomas: las falacias. Cuando los sesgos se ponen en marcha a la hora de argumentar, aparecen las falacias, las formas erróneas de argumentar con apariencia de validez.

Por ejemplo, la falacia de petición de principio es aquella que ocurre cuando se asume correcta la conclusión sin haber demostrado las premisas, siendo necesario demostrarlas. Por supuesto, esa forma de argumentar demuestra la presencia de sesgos porque se omite demostrar los supuestos de un argumento. “como es bien sabido, los extraterrestres ya nos invadieron, por eso hubo pandemia”. Noten que el punto de partida del argumento debe demostrarse primero.

En la falacia del espantapájaros, los sesgos facilitan que se considere apropiado atacar un argumento planteando conclusiones absurdas al mismo. Consiste en atribuir al oponente en un debate una conclusión exagerada y fuera de contexto, de lo que dicho oponente acaba de afirmar. Se presenta, por ejemplo, cuando se llama enemigo de la paz a quien presenta la menor objeción a una política denominada «de paz».

Terminemos con un ejemplo para asegurarnos de distinguir entre sesgo y falacia, con un sesgo y una falacia de materia cercana. El sesgo de autoridad y la falacia de autoridad. Por el sesgo de autoridad, se tiende a aceptar sin mayor reflexión aquello que manifiesta quien tenemos como autoridad en algo (pensamos: si lo dice tal, es cierto); en la falacia de autoridad, se invoca una presunta autoridad para que se tenga como válido un argumento (como dijo tal, entonces hay que concluir esto o aquello).


Material complementario

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