El silencio cómplice frente a la discriminación de afropalestinos en Gaza

El silencio frente a la persecución, la segregación y el abuso nunca es una omisión inocua: es complicidad activa. Cuando una sociedad o sus observadores deciden mirar hacia otro lado ante la marginación sistemática de un grupo vulnerable, no solo normalizan la humillación cotidiana, sino que fertilizan el terreno para conductas todavía más aberrantes. En el terreno del activismo político global contemporáneo, esta ceguera selectiva adquiere tintes grotescos: en las manifestaciones occidentales y en el ecosistema digital donde se corea incansablemente la consigna Free Palestine, a prácticamente ninguno de los militantes les importa un comino la comunidad negra de Gaza.

Admitir que dentro de la Franja existe un racismo visceral, un colorismo arraigado y una segregación estructural hacia la población afrodescendiente resulta demasiado incómodo para la caricatura maniquea de una sociedad monolítica de víctimas puras. Sin embargo, los hechos no desaparecen porque el dogma ideológico prefiera ignorarlos. Frente a la propaganda, la investigación etnográfica, el análisis sociohistórico y los testimonios de campo documentan una realidad incontestable: la existencia de una minoría que carga con una doble condena, marginada en su propia tierra y silenciada por el relato internacional.

«Harat al-Abeed»: La toponimia de la servidumbre y el diagnóstico etnográfico

En el trazado urbano de la ciudad de Gaza, a lo largo del concurrido eje de la calle Al-Jalaa, subsiste un sector residencial que el catastro municipal rotula neutralmente como parte de ese distrito. En el habla cotidiana, sin embargo, la población local lo denomina abiertamente Harat al-Abeed (حارة العبيد): «el barrio de los esclavos». Aunque entre vecinos se emplee en ocasiones el eufemismo Harat al-Sumran («el barrio de los morenos») para atenuar la violencia del término, la estigmatización espacial persiste.

La investigación antropológica de campo desarrollada por la Dra. Susan Beckerleg (University of Warwick) arrojó luz sobre la naturaleza de este enclave. En sus estudios etnográficos, Beckerleg demostró que Al-Jalaa no es un township impuesto por decreto legal ni un confinamiento formal segregado por el Estado, sino una concentración residencial consuetudinaria nacida de redes familiares de parentesco, desplazamientos históricos y marginación económica. Beckerleg constató de forma directa cómo los residentes rechazan categóricamente el vocablo abed, el cual en el dialecto vernáculo opera simultáneamente como designación racial para los negros y como recordatorio de servidumbre. Frente a este estigma, los habitantes defienden su identidad cívica autodefiniéndose como afropalestinos (Afro-falastiniyyun) o miembros de la comunidad africana (al-jaliyya al-Afriqiyya).

El 1 % invisible: Esclavitud otomana, raíces históricas y la Nakba

La minoría afropalestina de Gaza agrupa a unas 10.000 o 11.000 personas, lo que equivale aproximadamente al 1 % de los habitantes del enclave. Es, con diferencia, la mayor comunidad afrodescendiente de los Territorios Palestinos, superando con creces los enclaves de la Ciudad Vieja de Jerusalén (alrededor de 350 a 450 personas) o Jericó.

El arraigo de esta población ha sido examinado desde la historia social y la antropología regional:
  1. La trata en el Levante otomano: El historiador Ehud R. Toledano (Tel Aviv University), en sus obras sobre la esclavitud en el Imperio Otomano, documentó cómo las redes de trata transahariana y del Mar Rojo abastecieron de mano de obra servil doméstica y agrícola a las comarcas del sur de Palestina, Jaffa y el valle del Jordán hasta principios del siglo XX. Este trasfondo histórico explica la fijación cultural del término peyorativo abed en el léxico árabe local.

  2. Peregrinaciones religiosas y levas militares: Investigaciones antropológicas del Dr. Ali Qleibo (Al-Quds University) y estudios de la diáspora africana identifican otros vectores: devotos sufíes y peregrinos de Sudán, Chad, Nigeria y Senegal que arribaron a la región para «santificar» su peregrinación a La Meca visitando Al-Aqsa (taqdees al-Hajj), así como jornaleros movilizados durante el Mandato Británico y voluntarios del Ejército Árabe de Salvación en 1948.

  3. El impacto de la Nakba: Beckerleg y cronistas locales detallan que el hito decisivo para la conformación del enclave moderno fue la guerra de 1948. Poblaciones afrodescendientes que residían en aldeas agrarias del sur, como Rubin (próxima a Jaffa) o Barbara, así como clanes incorporados a tribus beduinas del desierto del Neguev, fueron despojadas de sus tierras y desplazadas como refugiadas hacia Gaza. Familias como el clan Al-Rawagh —cuyos testimonios recogió la prensa independiente local a través del maestro octogenario Ahmad al-Rawagh— relatan cómo terminaron hacinadas en Al-Jalaa levantando viviendas rudimentarias tras escapar de Rubin.

Insultos diarios, profilaxis social y perfilamiento policial

En las calles y mercados de Gaza, la tez oscura impone una barrera cotidiana. Investigaciones periodísticas de campo (como las publicadas por la red palestina Nawa y por Gulf News) documentaron la profusión de microagresiones verbales encubiertas bajo el pretexto del «humor». A niños y adultos se les interpela de manera habitual con apelativos degradantes como ya shokolata («chocolate»), ya cappuccino, ya Galaxy (por la conocida marca de golosinas), además de injurias explícitas como koushi (préstamo despectivo del hebreo para insultar a los negros) o abed.

Esta segregación simbólica deviene a menudo en profilaxis no verbal. En reportajes realizados en el distrito de Al-Jalaa, dependientes de comercio afrodescendientes señalan el malestar recurrente al ver cómo clientas de tez clara retroceden o abandonan los locales al percatarse de quién está detrás del mostrador, condicionadas por el prejuicio que asocia la piel negra con la peligrosidad o la transgresión.

La estigmatización contamina también la actuación de los cuerpos de seguridad locales. Ciudadanos afrodescendientes han denunciado controles policiales arbitrarios y humillantes justificados exclusivamente por su fenotipo. Es común que los hombres deban portar certificados de matrimonio en sus trayectos cotidianos para evitar arrestos preventivos al caminar junto a sus cónyuges. Crónicas documentadas en Gaza registran casos extremos, como el de un padre afrodescendiente al que agentes policiales intentaron arrebatarle por la fuerza a su propia hija de dos años y medio en el interior de su vehículo, bajo la sospecha arbitraria de que se trataba del secuestro de una menor «blanca» debido al tono más claro de la niña.

El apartheid nupcial: La barrera del linaje

La fractura más severa que impone la sociedad gazatí respecto a su minoría negra se manifiesta en el ámbito del matrimonio. Los códigos consuetudinarios de la compatibilidad social (kafa’a) y la pureza genealógica (nasab) funcionan en la práctica como un rígido dispositivo de exclusión marital.
Las uniones interraciales se enfrentan a castigos sociales explícitos:
  • Si una mujer clara pretende casarse con un hombre afropalestino, su entorno familiar suele responder con amenazas de desheredación, ruptura de lazos parentales y avisos públicos de repudio en la prensa local para conjurar la supuesta «vergüenza» sobre el apellido familiar.
  • Si un varón de piel clara busca desposar a una mujer afrodescendiente, las represalias familiares pueden desembocar en agresiones físicas. En Al-Jalaa se han registrado agresiones con botellas incendiarias lanzadas por parientes del novio contra la ventana de la novia la misma mañana del enlace para reventar el compromiso, lo que ha obligado a celebrar ceremonias nupciales bajo protección policial armada ante el riesgo de violencia comunitaria.

El imperativo social que exige desposar a mujeres de fenotipo claro para preservar el estatus del linaje condena a las mujeres afropalestinas a una severa endogamia forzada dentro de su propio perímetro vecinal.

«Tolerancia pasiva» y precariedad socioeconómica

El antropólogo Ali Qleibo conceptualiza las relaciones hacia los afropalestinos como una forma de «tolerancia pasiva»: un marco cultural donde no opera un régimen legal de discriminación abierta, pero tampoco se abraza ni se reconoce la individualidad o el valor cívico del colectivo, perpetuando desventajas estructurales.

A nivel material, esta marginalidad relega al enclave al peldaño más bajo de la economía gazatí:
Dimensión Situación de la comunidad afropalestina en Al-Jalaa Causa sociológica estructural
Mercado laboral

Confinamiento casi exclusivo en la construcción, colocación de azulejos, estiba portuaria y venta ambulante.

Discriminación informal y prejuicios estéticos en la administración pública, cargos de gestión y atención presencial al público.
Trayectoria educativa

Altas tasas de deserción escolar prematura en la educación secundaria y universitaria.

Necesidad económica imperiosa de incorporar a niños y jóvenes a faenas manuales precarias para sostener el hogar.
Parque habitacional

Viviendas autoconstruidas de bloque de cemento desnudo y techos de zinc en pasajes angostos y sobrepoblados.

Falta crónica de acumulación de capital y desatención histórica de la infraestructura municipal en el área.

Incluso aquellos jóvenes afrodescendientes que consiguen completar estudios superiores o destacan en áreas profesionales y artísticas señalan la necesidad de esforzarse el doble que sus pares para contrarrestar el estigma inicial, lo que conduce a que muchos graduados busquen la emigración al exterior como única vía de progreso.

Devastación bélica: La dispersión del vecindario

A la vulnerabilidad histórica preexistente se sumó la destrucción provocada por los enfrentamientos armados. Al extenderse a lo largo del corredor de Al-Jalaa —eje que conecta el centro cívico con el norte de la urbe y que albergaba infraestructuras clave como la Torre Al-Jalaa, demolida por un ataque aéreo en mayo de 2021—, el área quedó en el epicentro de sucesivas operaciones militares.

A partir de finales de 2023 y durante 2024, el corredor Al-Jalaa se transformó en escenario de combates intensos, bombardeos sistemáticos y demoliciones mediante robots cargados de explosivos, según registraron organismos como el Centro Palestino para los Derechos Humanos (PCHR). Familias afrodescendientes entrevistadas sobre el terreno por la agencia Anadolu relataron cómo debieron evacuar sus hogares destruidos entre cuatro y cinco veces consecutivas, dispersándose en precarios campamentos de tiendas de campaña en Jan Yunis, Deir al-Balah y Al-Mawasi, desprovistos de suministros mínimos de agua, electricidad o atención sanitaria.

La aniquilación del hábitat físico de Al-Jalaa no solo redujo a escombros las viviendas de esta comunidad, sino que dinamitó el tejido vecinal de cercanía que constituía su red de apoyo frente a la marginación.

La hipocresía del relato

El drama de los afropalestinos de Gaza pone al descubierto la hipocresía de una narrativa política internacional que se niega a mirar la realidad de frente. Para los sectores activistas que conciben el escenario de Oriente Próximo bajo una plantilla simplista de buenos y malos absolutos, la existencia de Harat al-Abeed, las bodas violentadas por prejuicio racial y los insultos en las calles de Gaza representan verdades incómodas. Denunciarlas fracturaría la uniformidad propagandística que prefieren sostener.

El mutismo en torno a la comunidad afrodescendiente de Al-Jalaa es un encubrimiento por conveniencia. Mientras se proclama una defensa retórica de los derechos colectivos, los 11.000 afropalestinos de Gaza han tenido que soportar una doble opresión: la crudeza del conflicto armado hacia afuera y el desprecio del racismo cotidiano hacia adentro. La defensa real de la dignidad humana no admite excepciones selectivas. Quien calla ante la discriminación racial en Gaza para no incomodar un discurso político no defiende los derechos humanos: simplemente defiende una consigna.

Fuentes y referencias primarias (Formato APA 7.ª edición)

  • Abu Eisheh, A. [آلاء أبو عيشة]. (2019, 10 de diciembre). Gaza y los rudimentos del amor en «Harat al-Abeed» [غزة.. و»بديهيات الحب» في «حارة العبيد»]. Ultra Palestine. https://ultrapal.ultrasawt.com
  • Alnaouq, A. (2018, 1 de noviembre). Black Palestinians face subtle racism in Gaza. Gulf News. https://gulfnews.com
  • Beckerleg, S. (2007). African Bedouin in Palestine. African and Asian Studies, 6(3), 289–303. https://doi.org/10.1163/156920907X212240
  • Beckerleg, S. (en prensa). Hidden history, secret present: The origins and status of African Palestinians. En K. K. Prah (Ed.), Reflections on Arab-led Slavery of Africans. Centre for Advanced Studies of African Society (CASAS).
  • Canakci, B., & Abu Shamala, R. (2024, 15 de diciembre). ‘War does not discriminate between Black and white’: Afro-Palestinian family trapped in Israel’s Gaza genocide. Anadolu Agency. https://www.aa.com.tr
  • Human Rights Watch. (2021, 23 de agosto). Gaza: Israel’s May airstrikes on high-rises. https://www.hrw.org
  • Nawa. (2013, 7 de noviembre). Los negros en Gaza: Otra cara de la historia [السود في غزة.. وجه آخر للحكاية]. Nawa Media Network. https://nawa.ps
  • Palestinian Centre for Human Rights. (2024, septiembre). Mass killings and widespread destruction are Israeli occupation forces’ brutal tools to forcibly displace Gazans. PCHR Gaza. https://pchrgaza.org
  • Toledano, E. R. (1998). Slavery and Abolition in the Ottoman Middle East. University of Washington Press.
  • Toledano, E. R. (2007). As If Silent and Absent: Bonds of Enslavement in the Islamic Middle East. Yale University Press.

 


Lectura complementaria